01. De Ulises a Polifemo

“Yo no soy nadie”, le dice Ulises a Polifemo para engañarle y así poder huir de la cueva donde está confinado con el resto de su tripulación. Siglos más tarde, Verne utilizará el mismo recurso para uno de los antihéroes más celebrados de la literatura universal: el capitán Nemo, que hundía barcos y causaba terror en todos los océanos. La pérdida de la identidad es un tema recurrente en la literatura moderna, y el propio Borges tiene una miniatura llamada “A un poeta menor” que dice: “La meta es el olvido / Yo he llegado antes”.

Ulises y las sirenas

La literatura puede enseñarnos a buscar nuestra identidad para luego perderla, a marcar el territorio de nuestra vida que es parte de la ficción y que, en soledad o con ayuda de otros, nos inventamos para poder sobrevivir.

Viene esto a cuento porque en política se ha puesto de moda lo que los analistas de imagen llaman “el relato”, contar las cosas que se hacen o se prometen con estructura narrativa, ya saben: introducción, nudo y desenlace. Pero también con héroe, villano, puntos de giro, clímax e incluso a veces con tramas menores que descarguen el peso de la principal. Artur Mas y Rajoy están afirmando sus dos identidades en relatos verosímiles e incompatibles con motivo de la independencia de Cataluña, inconscientes del peligro que supone forzar la ficción y de las consecuencias que puede acarrear.

Nos gusta escuchar una historia, nos gusta que nos cuenten cuentos desde que existe el lenguaje, y nos gusta que las historias nos emocionen, nos involucren y nos entretengan. Incluso nos gusta cuando las historias falsas pasan por verdad.

Quizá deberían aprender del truco de Homero y de Julio Verne: hacer que el personaje pierda su identidad y no sea nadie para que pueda ser cualquiera de nosotros, para que el narrador personal se convierta en un narrador colectivo donde quepa cualquier vida. O quizá puedan echar mano de una de las últimas modas literarias: la autoficción. Vila-Matas la lleva practicando desde hace años con “El mal de Montano”, “París no se acaba nunca” o “Kassel no invita a la lógica”.

Los escritores se convierten en personajes y borran de un plumazo la frontera entre novela y ensayo. También pueden echar mano del titánico proyecto de Karl Ove Knausgård, que va por el segundo volumen de una hexalogía autobiográfica cuyas ventas se cuentan por cientos de miles, y cuya principal fuerza es la arrebatadora potencia de la verdad escondida dentro de una mentira.

“Mi nombre es nadie”, insiste Ulises, y con esa trampa consigue eludir todos los peligros, conjurar todos los fantasmas y evitar una muerte segura. Desaparecer para sobrevivir, como Nemo, licuarse en un nosotros casi invencible de la mano de los escritores que generosamente nos regalan los fragmentos más literarios de su vida para descubrir que no tenemos por qué estar buscándole un sentido a todo, para descubrir que no somos tan importantes como nos podría parecer. Descubrir, como Ulises, que no somos nadie. Que no nos queda sino seguir navegando.

Publicado originalmente en la revista Culturamas