Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) acaba de publicar “La sangre de los libros”, una colección de relatos que desvelan el origen de muchos clásicos, anécdotas sobre autores y sus obras y curiosidades literarias. Desde Blasco Ibáñez a Dante, pasando por las muertes de Séneca, Bécquer o Pushkin, Posteguillo se ha convertido en autor de best sellers históricos ambientados en la Antigua Roma.

 

La literatura más audaz siempre incomoda al poder: ahí tienes a Séneca con sus tres condenas a muerte por tres emperadores distintos.

 Si no comienzo preguntándole esto, más de un fan me va a matar: ¿Para cuándo la última novela de la trilogía de Trajano? Adelántenos, si puede, algo de la trama.

Trabajo en ella a diario, escribiendo, haciendo esquemas, leyendo documentación, incluso aprovechando los huecos vacacionales para hacer viajes de documentación, pero estos libros de más de 1000 páginas y cien personajes precisan, en mi caso, de dos a dos años y medio. Intento que la novela esté entre otoño de 2015 y primavera de 2016. Lo esencial para mí es que la novela esté como los lectores desean que esté. Y de la trama te puedo anticipar que lógicamente incluirá las intensas campañas de Trajano en Oriente, batallas, traiciones, lealtades, historias de amor y un enfoque muy especial en el que intentaré mostrar no sólo el conflicto bélico entre Roma y Partia, sino también de qué forma esa guerra tenía consecuencias para lugares tan distantes como el norte de la India o hasta la mismísima China.

 Ud. Es uno de los autores de novela histórica con mayor reconocimiento y ventas, ¿por qué ha decidido sacar ahora un libro sobre curiosidades literarias?

“La sangre de los libros” es una colección de momentos estelares de los grandes clásicos de la literatura universal. Si puedo aprovechar algo de mi, digamos, popularidad entre algunos sectores de público lector para que algunos o muchos de ellos se interesen también por recuperar a Charlotte Brönte, Víctor Hugo, Lope de Vega, Emilio Salgari, Agatha Christie o Isaac Asimov, sería genial. Eso es lo que me mueve a escribir el libro. Quiero compartir cómo fue la génesis de muchos clásicos de la literatura con muchos lectores y lectoras con la ilusión de que “La sangre de los libros” los conduzca a librerías y bibliotecas a buscar a estos autores geniales.

La sangre

Pese a ser profesor de literatura, ha huido del formato del ensayo para contar las historias en formato ficcionado, como pequeños relatos, ¿busca esparcir el “veneno de los libros” de manera más directa, o es porque se siente más cómodo escribiendo de esta manera?

Este libro huye del ensayo porque quiere ser leído por lectores desde muy jóvenes hasta de cualquier edad y de cualquier tipo de nivel cultural. Unos, los que más hayan leído, disfrutarán con el misterio, con la intriga de cada relato intentando averiguar de quién les estoy hablando en cada historia, y los que apenas hayan leído escritores clásicos descubrirán que personajes como Emily Dickinson, Séneca, Virgilio o Blasco Ibáñez, por mencionar algunos tenían unas vidas tan apasionantes que, ojalá, eso les mueva a interesarse por sus obras directamente. El formato relato da mucha más intensidad y acerca aún más la historia de la literatura, de los libros.

 “La sangre de los libros” se puede leer saltando de una anécdota a otra, no es preciso leerlo de inicio a fin. He de confesarle que el relato de la muerte de Bécquer es uno de mis favoritos: ¿con qué pasaje se divirtió más, cuál recomienda para empezar la lectura?

Se puede leer como uno quiera, pero si se lee según el orden que tienen en el libro, los relatos te dan un repaso por la historia de la literatura, desde Cicerón a Asimov, sin casi darte cuenta. Personalmente, el relato de “La rencarnación de Shakespeare” o el de “El asesinato de Agatha Christie” son de los que más me gustan.

Santiago Posteguillo¿Qué podemos aprender de estos pasajes históricos literarios, más allá de saciar nuestra curiosidad: hay una salvación, una esperanza para nosotros en la literatura?

Podemos aprender que la literatura es vital, apasionada pero cargada de razones y motivaciones de personas por lo general muy inteligentes, intuitivas y sensibles a la par que valientes. Podemos aprender que los clásicos siguen siendo vigentes: tanto lo que escribieron como, en muchos casos, las injusticias que sufrieron. Así, por citar sólo dos ejemplos, el relato de “El viaje interestelar del VIH” y la estupidez de las administraciones sanitarias mal gestionadas y sometidas a políticos del todo incapaces nos muestra que lo que ha pasado con el ébola en Madrid es algo que ya ha pasado en otras ocasiones. O que la literatura más audaz siempre incomoda al poder: ahí tienes a Séneca con sus tres condenas a muerte por tres emperadores distintos.

A veces leemos a autores que han tenido ideas cuestionables o directamente repugnantes, pero que nos han dado obras maestras ¿No hay un peligro al mezclar vida y obra?

Bueno, generalmente la vida de la mayoría de los autores impregna de una forma u otra la obra que producen, sólo que en unos casos esta relación es más evidente que en otras. Yo he seleccionado autores que en ningún caso tuvieron, a mi entender, ideas repugnantes. Ideas transgresoras sí. El caso de la eutanasia, DH Lawrence y su madre en el relato de “Literatura más allá de la muerte” sería una historia que ilustra lo que acabo de decir: DH Lawrence fue públicamente maltratado por sus ideas. Hoy vemos que lo que pensaba es legal en muchos sitios, mientras que otros hay un gran debate abierto. Los escritores tienen la clarividencia de ser seres siempre adelantados a su tiempo, pero, lamentablemente, muchas veces sufren enormemente por ello, por ser tan visionarios.

 Volviendo a su faceta de autor de novela histórica, ¿por qué escogió Roma, dónde está el resorte que le llevó a fijarse en el Imperio Romano?

Siempre me interesó la historia de un imperio que se extendía desde la lejana Caledonia hasta, en tiempos de Trajano, el Golfo Pérsico. Supone la base de la Europa moderna, son nuestras raíces y luego, desde un punto de vista novelístico, disponer de leones, pretorianos, emperadores, legiones, batallas,  y personajes femeninos y masculinos deslumbrantes en aquella época hace que uno se sienta como un privilegiado por poder intentar revivir y recrear unos tiempos que, con sus luces y sus sombras, forjaron al forma en que somos hoy día.

AfricanusEl Imperio Romano abarca mil años de principio a fin, ¿cuál es su personaje favorito en estos diez siglos?

Sin duda alguna, tendré que decir que Escipión y Trajano son para mí especiales, pero hay otros muchos nombres que destacan. Julio César está siempre ahí. Pero hay más y no sólo militares, políticos o emperadores, sino también médicos, matemáticos, escritores (ahí están Plauto o Plinio el Joven en mis novelas, entre otros). Y, si me permites una precisión: el imperio romano técnicamente hablando abarca desde la legendaria fecha del 753 a.C. (legendaria porque no está claro que Roma sea exactamente tan antigua, pero la tomamos de punto de partida) hasta 1453 cuando Constantinopla, la capital del imperio de Oriente cae bajo la presión de las tropas otomanas que conseguirán abrir una brecha en las míticas murallas de Teodosio. Así que me queda mucho margen para novelar.

 Si dentro de 30, 50, 100 años, un autor escribirse un libro similar a este, ¿qué anécdota cree que escogería del autor de “La sangre de los libros”?

En 1992 tenía que coger un avión en el norte de la India. Me puse enfermo, tuve una lipotimia y retrasé mi salida de aquella ciudad un día. El avión que tenía que coger se estrelló en Katmandú, Nepal. Desde entonces no me gusta volar. Tengo que hacerlo para ir a Chile, Colombia, Perú y a toda América Latina en general donde mis novelas gustan mucho. Pero sigo pasándolo mal cuando hay turbulencias. No digo que sea un miedo racional, pero es algo que no puedo quitarme.