La única posibilidad que tenemos para ganar en Eurovisión es concursar con un cantante muerto. No se trata de presentar un vídeo de Luis Aguilé o de Nino Bravo, sino presentar a un cantante que haya sido designado para participar en vida y haya muerto en el lapso de tiempo que transcurre entre la designación y la actuación. No puede fallar. Cómo van a votarse entre sí las repúblicas bálticas después de que, en el momento en el que toca la actuación de la cantante española solamente se ve en el escenario un micro desnudo y una guitarra inmóvil en su caballete. Al mismo tiempo, se proyectan imágenes de la insolente juventud de la muchacha que tenía que haber cantando un ininteligible estribillo en inglés de Opening mientras la voz suena en playback y entra la banda, que toca lo mejor que puede al fondo. Primeros planos de los eurofans arrasados por las lágrimas; barrido de los concursantes de los otros países, embutidos en lentejuelas y revisiones del traje de Tony Manero, sollozando, cubriéndose la cara sin atreverse a mirar directamente el vídeo que se proyecta en el escenario. A mitad de canción los músicos se rinden, sueltan los instrumentos y vuelven al camerino arrastrando los pies, solamente queda la voz desnuda de esa chica que se apaga poco a poco.

El público aplaude con rabia, incluso los franceses*, exigiendo que no se pase a las votaciones, que se acabe con esa farsa. El comité organizador, con buen juicio, había dejado la actuación de la representante española para el último lugar. No pueden cancelar las votaciones, pero ya se huele que va a ser un mero trámite. El representante italiano se abre paso hasta los presentadores, muestra a cámara el tatuaje que se hizo en Formentera y pide a gritos que nadie vote por él, que todos los votos que vayan para Italia computen en el casillero español. El resto de concursantes se miran entre ellos un poco nerviosos. El chico irlandés, que tiene cara de haber conocido solamente dos papas, una reina de Inglaterra y dos dimisiones de Esperanza Aguirre, traga saliva, no sabe si él tiene que dar también ese paso; la representante de Malta, que acude al festival por duodécima vez, pide que los votos destinados a su país también se sumen para España. A alguien le entra la risa, pero rápidamente le hacen callar, Malta, one point?, pues Malta, one point, todos los puntos valen.

Comienzan las votaciones; cada vez que se conecta con el país al que le toca votar se repiten las mismas imágenes: eurofans en Estocolmo con camisetas con la cara de la cantante española; presentadores con fotografías de la misma o que tararean el estribillo (definitivamente, así no se usa ese phrasal verb, pero a ver quién es el guapo que lo corrige), incluso el Vaticano, que este año se había animado a participar, muestra en pantalla una foto enmarcada de la cantante con su familia y un sencillo Requiescat in pace. La votación es un mero trámite: l’Espagne, douze points; Spain, twelve points; Espanya, dotze punts**. Cuando le toca votar a Letonia, piden perdón a sus hermanos estonios y nos dan los doce puntos; Lituania hace lo propio; Estonia, por fastidiar, le da los doce puntos a Malta y ninguno a sus vecinos. La representante de Malta se hace la loca, vuelven a oírse risitas de fondo, Malta se pone en segunda posición. El jurado de Azerbaiyán se resiste, “Biz dammit qazanmaq gəldiniz!”***, alguien pone caras detrás del presentador de Azerbaiyán, que le hace un gesto que solo puede significar Qué más da, si no saben inglés, ¿te crees que van a aprender azerbaiyano?. Los representantes de Australia asisten conmocionados y sin entender nada, No nos habías dicho que era así, en los vídeos que nos has enseñado no pasan estas cosas, el presidente del comité australiano se encoge de hombros y se va al baño a comprobar en qué sentido gira el agua.

España vence con un resultado histórico, imposible de igualar, nuestra representante es la primera ganadora de Eurovisión a título póstumo. Los productores de su primer y único disco recogen el premio entre lágrimas, uno de ellos dice que el mejor homenaje que le podrían hacer los fans es cantar sus canciones, rápidamente otro señala que mejor que compren el disco, un tercero dice que pronto saldrá al mercado un tercer disco recopilatorio, que en verano saldrá una nueva remezcla de las canciones y que los pitufos makineros están interesados en hacer una cover. Todo el mundo es muy feliz, menos la representante de Azerbaiyán, que ha quedado por detrás de la de Malta.****


* Especialmente los franceses, porque tenía una tía francesa sorda. El jurado escogió a una concursante con raíces familiares en varios países participantes para captar mayores simpatías y votos.

** Para cuando el plan puede llevarse a cabo, habrá pasado una de estas dos cosas: a) Cataluña ya será independiente; b) el resto de España se habrá independizado de Cataluña, por pesados.

*** Hemos venido a ganar, joder.

**** Este sistema solo vale una vez, claro. Además, hay que ser el primero en hacerlo: solamente el factor sorpresa nos puede dar la victoria. Si el resto de naciones conoce el plan, rápidamente se pondrán a buscar cantantes en la flor de la vida a los que sacrificar. De hecho, una vez que nosotros nos hayamos hecho con la victoria, el año siguiente todos repetirán la argucia. Muy pronto, los cantautores serán una especia en extinción. Nadie querrá declarar en público que sabe tocar la guitarra*****, habrá quedadas nocturnas en bares de los bajos fondos, sótanos osucros y librerías soterradas para tocar temas de Estopa, Pablo Alborán, Melendi y, de vez en cuando, una versión reggae de Al Alba. Desaparecerán los músicos que nos gustan sí, pero también Il divo.

***** Salvo los tunos. Pero ese es otro tema.