El paso del cometa

☄ #3 Al otro lado

19/05/2026
☄ #3 Al otro lado

La actriz Song Jia fotografiada por Leslie Zhang

Hola, persona a la que le gusta cómo suenan determinadas palabras. Esta carta tiene 2849, léela sabiéndolo de antemano.

La carta que te he escrito hoy (esta cabecera se escribe al final, porque el orden natural de las cosas es que todo esté del revés, como en un espejo) tiene lo mismo de las dos anteriores: etimologías que me llaman la atención, la palabra preferida de alguien con talento para explicar cosas, una palabra inventada y un libro recomendado, pero he cambiado un poco el formato.

Despierta. Tienes menos de un año, pero tú no lo sabes porque el tiempo es una sustancia tremendamente voluble y pegajosa que, de momento, no necesitas comprender. Te han dejado sola jugando, y sola es otro concepto que no comprendes y que te molesta bastante. No estás sola, y no lo vas a estar en ningún momento durante algún, mucho, tiempo, pero las personas que te cuidan no están momentáneamente en la misma habitación que tú.

No te has dado cuenta porque estás tumbada sobre una manta blanda y colorida, en el centro de la manta hay un arco blando forrado de la misma tela que la manta, en el centro del arco cuelga un cordel, al final del cordel hay otra niña como tú, y esto es otra cosa que tampoco comprendes todavía y que no entenderás hasta dentro de un año.

Agitas las manos en el aire tratando de alcanzar a esa otra persona, pero el arco está demasiado alto o tus brazos son demasiado cortos o ambas cosas, alguien se asoma a la puerta de la habitación, te mira y sonríe, no termina de entrar, prefiere verte desde lejos, prefiere disfrutar y almacenar en su memoria aquel momento en el que por primera vez te viste a ti misma en un

Espejo

La palabra espejo nos llega del verbo latino specere, que significa observar. Se le añade el sufijo -culum, que significa 'cosa que sirve para' y ya tenemos el speculum, al que añadimos una e al principio porque la ese líquida no es algo que le venga bien al castellano, y le cambiamos el grupo cl por una j (la u átona de cul se cae por el camino), como en oculum-ojo o apicula-abeja. Espejo: aquello que sirve para observar, otro ejemplo de que el nombre hace a la cosa y viceversa.

Tirando de espejo nos vamos a su adjetivo. No tenemos espejil ni espejoso, la cosa que es como un espejo es especular, que es una palabra donde no ha habido cambio del cl por j, está más cerca del original, es un cultismo. En castellano sí que tenemos espejado. Cuando 'espejado' es el participio del verbo espejar significa Claro o limpio, porque eso es el verbo espejar: limpiar algo hasta dejarlo lustroso.

Cuando 'espejado' viene del pronominal espejarse significa Que refleja la luz como un espejo, y es que espejarse significa tres cosas: por un lado, algo que se refleja (su reflejo se espejaba en el río). Por otro (en desuso) mirarse al espejo. La tercera (también en desuso) es la que me ha matado: Tener mucho amor por alguien y complacerse en sus gracias o en sus acciones. La niña del inicio de esta carta estaba espejándose mientras la persona del umbral se espejaba con ella.

Me estoy alargando con espejo y debería dejarlo aquí, pero no me puedo ir sin hablarte un poco de 'especular', que tiene dos significados que conoces. Uno: relativo a los espejos; dos: hacer conjeturas, reflexionar. Specere nos dio speculum y también nos dio speculāri. Speculāri puede ser mirar con atención, pero también acechar o vigilar, y es que es un verbo que nace de un edificio: la specula. Una specula no es la casa de los espejos, es una atalaya, una torre de observación. Los especuladores no eran los que retenían una materia prima o acaparaban viviendas para que subiera el precio, sino los que vigilaban.

Tanto tiempo en una torre les daría tiempo a hacer especulaciones, y nos podemos inventar que un trabajo tan solitario, tan de farero, como estar en una torre para vigilar los peligros necesitaba que hubiese allí un espejo donde el vigilante pudiese verse a sí mismo de vez en cuando para tener alguien con quien hablar, para no olvidar que era un ser humano, para afeitarse la minuciosa barba.

Despierta. Abres los ojos, durante unos instantes no sabes bien dónde estás, esta no es tu cama, este no es tu cuarto, esta no es tu casa. El aire es pesado y a tu lado suena un ronquido suave, casi como un murmullo. El techo es blando y se desliza cada vez más cerca por los lados de la habitación, fuera no se oyen coches ni autobuses ni gente caminando atareada, sino pájaros cantando con urgencia y el rumor del agua corriendo. Te levantas con cuidado de no despertar a las personas que duermen contigo y te frotas los ojos con los puños mientras vuelves a la realidad, has tenido un sueño agitado que te ha dejado la boca pastosa y el sonido del arroyo te ha despertado una necesidad perentoria de ir al baño.

Te deslizas fuera de la tienda tambaleándote un poco y con la fastidiosa sensación de no recordar bien el sueño o la pesadilla que te ha agitado tanto. Un par de monitores se han levantado ya y están haciendo el desayuno, los saludas con un ademán mientras te acercas al río raquítico.

Te lavas, se te ha pasado el malestar del sueño, aquí estás, eres tú, deseabas más que nada venir a este campamento, la primera vez que duermes fuera de casa sin tus padres. Estás tan contenta que te entran ganas de gritar y de repente te das cuenta de lo mayor que eres ya cuando ves las gotas caer de la cara y del pelo, empañando la otra cara que hay sobre el agua, deformando tu

Reflejo

Si el espejo es el objeto que sirve para mirar, el reflejo es casi lo contrario. Se hace con la partícula re- y el participio de flectĕre: curvar, doblar. El reflexus es aquello que vuelve hacia atrás, la luz pega la vuelta y va hacia la persona que está observando.

Espejo viene de mirar y reflejo de doblar, es mirar dos veces o volver a mirar, y dio el salto hacia el lenguaje figurado con reflexión, la mente se vuelve sobre sí misma para volver a pasar por lo que ya ha vivido, para darte cuenta de quién eres cuando acabas de despertar, para pensar si tomaste la mejor de las decisiones cuando te apuntaste a aquella acampada.

Despierta. Te estás arreglando para salir, te miras en el espejo minúsculo y te parece increíble que estés tan cansada y al mismo tiempo tengas tantas ganas de ir a la calle a consumir las pocas fuerzas que te quedan. No es una salida secreta, pero sí discreta. Tu padre cree que vas a preparar los exámenes de final de curso con tus amigas y tu madre sabe que vas con tus amigas a una discoteca.

Os habéis puesto maquillaje decenas de veces, pero nunca para que lo vean otros, siempre solo para vosotras y sientes que este ritual tiene algo de ridículo. No quieres pasarte ni quedarte corta, el teléfono vibra en la mochila y sabes que son ellas con la misma inquietud que tú. La mano con la brocha para aplicar el colorete se queda a medio camino, cuánta cantidad hay que poner, femme fatale o payaso, estás demasiado cansada para decidirlo.

Una rendija se abre en la puerta del baño y en el espejo aparece junto a la tuya la cara de tu madre. Apenas se le escapa una sonrisa de ternura al verte, enseguida se pone seria, te quita la brocha de la mano y te aplica ella el maquillaje, sin decir una palabra, como compartiendo un secreto. Te dejas hacer, feliz y agotada. No la miras directamente, miras el reflejo de esa mujer que se afana sobre tu rostro, te alegras de poder comunicarte con ella sin hablar, te sientes feliz de estar tan unidas, ha llegado en el momento justo, te parece que es casi un

Milagro

Milagro y espejo no están emparentados etimológicamente en castellano (pero sí en valenciano, al final te lo cuento), lo traigo aquí porque un milagro también es una forma de mirar. Milagro nos llega de miraculum, que significaba para los latinos una cosa asombrosa o digna de admiración. Miraculum viene del verbo mīrārī, que no es mirar, sino maravillarse, contemplar con asombro, y que sí dio el latino mirare que finalmente significaría 'mirar'.

El latín tenía un verbo para mirar con detenimiento, que nos dio el espejo, y otro para mirar con admiración, que nos dio los milagros. No hace falta ponerse muy poético para llegar a la conclusión de que mirar con detenimiento aquello que vuelve sobre sí mismo es un pequeño milagro.

Voy con la coda. En valenciano tenemos dos palabras para espejo: mirall y espill. Espill es de la familia de espejo, no tiene más misterio (nota sobre la coda: el otro día hablaba con mi amiga Oti, ella en catalán y yo en valenciano, que al fin y al cabo son la misma lengua, y le mencioné algo sobre un espill. Dirigió la mirada a su marido, de raíces valencianas y le preguntó que qué era un espill. Un mirall, le respondió él y pensé que tenía que incluir esta coda). Mirall, ya lo estarás adivinando, comparte raíz con el miraculum que nos dio milagro. El miroir francés, el mirror inglés y el mirall valenciano tiraron por la magia y el asombro de ver un mundo especular encerrado en una superficie plana. Tengo un amigo apellidado Miralles que me contó hace tiempo que su apellido provenía de mirall. Los Miralles eran los comerciantes del azogue, los vendedores de ilusiones, los fabricantes de espejos.

En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora, incomunicados. Eran, además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas.
Animales de los espejos, Jorge Luis Borges

Detalle del fresco 'Salón de los Vicios y las Virtudes', Castillo de Castiglioni Mantegazza. ¿Me lo parece a mí, o la persona del espejo tiene un aire malvado que no tiene la dama?

En esta ocasión tenemos la palabra preferida de Carmen G. Aragón, traductora. Si alguna vez te la encuentras es posible que la veas atravesando una frase.

Autoantónimo, la palabra de Carmen

«Autoantónimo» sostiene lo uno y lo otro, esto y lo contrario, dos ideas enfrentadas de cara, como un Jano vuelto del revés donde un rostro devora al otro, un uroboros sin cola: solo dos bocas que se engullen; una banda de Möbius donde el significado inequívoco da vueltas como una maleta en la cinta transportadora del aeropuerto: cuando vas a cogerla reparas en que no es la tuya. Es bifronte pero no va de frente.

Me gusta porque no se define unívoco hasta el último pelo, sin lugar a dudas ni sombras, grises, errores, vacíos, resortes ni trastiendas; porque apela al misterio y la imaginación y rehúye la lacra de lo literal, la bombilla cruda. Esto ya lo he escrito en otra parte, pero lo repito cuanto puedo: Werner Herzog dice en sus memorias, Cada uno por su lado y Dios contra todos, que prefiere la muerte a un psicoanalista, porque, cuando iluminas con una luz brillante todos los rincones de una casa, esta se vuelve inhabitable, y que pasa lo mismo con el alma:  «iluminar sus sombras más oscuras convierte a las personas en "inhabitables¹"».

Ni siquiera está sancionado por la RAE… o todo lo contrario. Es anfitrión y huésped, animal y monstruo. Termina por no definirse y, por lo tanto, no  termina. Es el cuchillo de Lichtenberg, que no tiene mango y le falta la hoja. Como Whitman, contiene multitudes, o al menos pares.

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¹ Werner Herzog, Cada uno por su lado y Dios contra todos. Memorias. Traducción de Marina Bornas, Blackie Books, Barcelona, 2024.

Aquí puedes leer a Carmen.

Todo empieza donde acaba. Imagen del Codex Parisinus graecus

Despierta, no sabes quién eres

Una experiencia humana universal que sale en una de las escenas que te he escrito más arriba y que no tiene un nombre concreto es el estado de perplejidad que tenemos justo cuando nos despertamos, especialmente cuando no estamos en el lugar donde solemos acostarnos, y el breve lapso de tiempo que pasa hasta que nos ubicamos. Pongámonos en la situación de estar haciendo el Camino de Santiago con amigos, y se dé este diálogo:

—¿Tienes tú el café en tu mochila?
—¿Hmmm?
—Que si tienes el café tú, que no lo encuentro.
—Ay, perdona. Es que me he levantado con un poco de aturdimiento y me cuesta un poco quitarme el descoloque, dame unos segundos, por favor.

Nos sería imposible decir todo eso en pleno aturdimiento postsueño, así que vamos con el neologismo. Lo vamos a construir desde el griego y lo vamos a hacer con sueño, confusión y umbral.

Cogemos como palabra central ὕπνος (hýpnos), que es el sueño como estado del cuerpo y no como experiencia (eso sería óneiros). Delante le ponemos ἀπορία (aporía), que significa desorientación y que al castellano nos ha llegado como término filosófico. Detrás le vamos a poner umbral que, como sabes, es una palabra muy querida por mí, y que en griego es κατώφλι (katóphli).

Aporía + hypnos + katofli nos daría aporipnofli, que me gusta mucho porque tiene un nombre como de enfermedad leve o de equipo de la tercera división de Chipre. La definición quedaría así:

Aporipnofli: estado de confusión de corta duración que se produce tras haber cruzado el umbral del sueño a la vigilia, más comúnmente cuando el sujeto ha dormido en un lugar donde habitualmente no lo hace.

Y el diálogo así:

—¿Tienes tú el café en tu mochila?

—¿Hmmm?

—Que si tienes el café tú, que no lo encuentro.

—Ay, perdona. Estoy aporipnofli perdida.

—Tranquila, tómate tu tiempo.

Con el cielo a cuestas

Gonzalo Suárez, ed. Random House


Me hubiese gustado pensar en un libro que fuese a juego con la palabra de Carmen, pero mi talento es bastante más corto que el suyo, y no sé nada de literatura sobre autoantónimos. Te traigo este de Gonzalo Suárez, que es un fabulador magnífico, no voy a descubrirlo yo ahora. Te lo recomiendo porque yo leí este libro como si fuera un sueño, es de esas lecturas que te dejan un poco mareado, un poco apropnofli, si me permites la autocita. Lo leí hace años y recuerdo pocas cosas de él, pero lo he abierto esta mañana. Te voy a poner el inicio, te juro que no me lo he inventado, ha sido pura casualidad.


Érase una vez París
Tras el sueño, al despertar, siempre me sorprende encontrar que las cosas estén en el mismo lugar donde, antes de dormir, las había dejado. Prueba inequívoca de que ningún sueño altera la realidad. Pero, una noche, me sucedió  algo que, real o no, desbarató mi entorno y, mal que me pese, cobró insidiosa carta de existencia.

Los restos del resplandor

Llegan las cartas

Para serte sincero, no esperaba recibir cartas ni después del primer ni del segundo cometa. Pero me han llegado correos donde algunas personas me han contado sus secretos (que obviamente voy a atesorar celosamente) y otras me han contado su relación con el misterio. No sé en qué te ha puede haber hecho pensar esta carta, pero mi buzón está abierto si ha sido así.

De esta guisa, como Colleen Moore, pienso leer vuestras cartas. En casa no tengo un espejo así, pero veré qué se puede hacer al respecto

El cometa

La siguiente persona que vio el cometa lo hizo por pura confusión. A tres metros de profundidad, rascaba una esponja de mar para sacarla a la superficie cuando vio algo brillar. Creyó que era una perla, pero el resplandor titilante no se dejaba atrapar. Cuando salió a la superficie primero estaba reflejado en el agua y después, casi extinguiéndose por la luz del sol, vio el cometa como una perla en el firmamento.

Quería haberte enviado esta carta hace casi una semana, al final la he acabado muerto de sueño porque están siendo unos días interesantes. Ni siquiera he podido pararme a arreglar el fallo de que el tamaño de letra de esta carta cambia de vez en cuando, no te imaginas lo mal que llevo no ser capaz de ponerlo bien, porque me da bastante pereza ponerme a cambiar la lógica del formato de texto. A ver si para la siguiente ya lo he dejado bien.

No te molesto más con mis cosas, piensa en la luz y en las cosas que vuelven la próxima vez que te mires a un espejo, y en que la persona que te está mirando desde el otro lado bien podría ser tu autoantónimo si te lo propones.

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Solo tú y yo sabremos que lo has hecho
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