Todo empieza donde acaba. Imagen del Codex Parisinus graecus
«Autoantónimo» sostiene lo uno y lo otro, esto y lo contrario, dos ideas enfrentadas de cara, como un Jano vuelto del revés donde un rostro devora al otro, un uroboros sin cola: solo dos bocas que se engullen; una banda de Möbius donde el significado inequívoco da vueltas como una maleta en la cinta transportadora del aeropuerto: cuando vas a cogerla reparas en que no es la tuya. Es bifronte pero no va de frente.
Me gusta porque no se define unívoco hasta el último pelo, sin lugar a dudas ni sombras, grises, errores, vacíos, resortes ni trastiendas; porque apela al misterio y la imaginación y rehúye la lacra de lo literal, la bombilla cruda. Esto ya lo he escrito en otra parte, pero lo repito cuanto puedo: Werner Herzog dice en sus memorias, Cada uno por su lado y Dios contra todos, que prefiere la muerte a un psicoanalista, porque, cuando iluminas con una luz brillante todos los rincones de una casa, esta se vuelve inhabitable, y que pasa lo mismo con el alma: «iluminar sus sombras más oscuras convierte a las personas en "inhabitables¹"».
Ni siquiera está sancionado por la RAE… o todo lo contrario. Es anfitrión y huésped, animal y monstruo. Termina por no definirse y, por lo tanto, no termina. Es el cuchillo de Lichtenberg, que no tiene mango y le falta la hoja. Como Whitman, contiene multitudes, o al menos pares.
_______
¹ Werner Herzog, Cada uno por su lado y Dios contra todos. Memorias. Traducción de Marina Bornas, Blackie Books, Barcelona, 2024.
Traductora, correctora y redactora con más de 25 años de experiencia. También escribo.