Hacer que todo suceda

Marina Keegan, Lo contrario de la soledad. Editorial Alpha Decay. 203 páginas, 19’90 euros.

Marina Keegan se encontraba en mayo de 2012 cumpliendo un exacto destino literario. Se acababa de licenciar “magna cum laude” en Humanidades por la Universidad de Yale, había trabajado con uno de los popes de la literatura mundial, Harold Bloom, sus obras de teatro se representaban en los círculos más selectos, y ya tenía un puesto de trabajo esperándole en la más prestigiosa de las revistas literarias, The New Yorker. En ese momento, cinco días después de la graduación, sufrió un accidente de coche y su vida se apagó instantáneamente. Con tan sólo 23 años, su producción literaria era muy corta, pero también muy prometedora. Su familia y profesores decidieron reunir sus cuentos y ensayos en “Lo contrario de la soledad”, que es el texto que ejerce como prólogo y que se convirtió en viral a las pocas horas de la muerte de Keegan. Se trata del discurso que dio el día de su graduación, lleno de optimismo, ingenuidad y vitalidad.

“Lo contrario de la soledad” es el texto que hace de prólogo del libro y se convirtió en viral a las pocas horas de la muerte de la autora

Empecemos por lo más difícil: si Marina Keegan no hubiese muerto de manera tan repentina y trágica, es muy probable que este libro no se hubiera publicado y, en el caso de que hubiese visto la luz, no habría tenido la repercusión que ha tenido. Es completamente imposible iniciar la lectura, después de un emotivo prólogo de su familia y una de sus profesoras, sin tener en cuenta el dato de su trágica muerte, que se va repitiendo como un Pepito Grillo y martillea la lectura: cada vez que la autora hace un canto a la juventud, a la potencia aterradora de la era global en la que vivimos o en sus ficciones algún personaje –inevitablemente jóvenes y desorientados como la propia Keegan- un halo helado rodea el texto y nos remite a un coche destrozado en una cuneta. El ansia por aprovechar la vida que destilan muchos de los textos impide

Lo contrario de la soledad

Si se supera esta primera resistencia, los textos que quedan nos enseñan la potencia de una brillante narradora. Es inútil hablar de influencias, proyecciones o carrera literaria. “Lo contrario de la soledad” alberga la paradoja de ser un libro vitalista, con narraciones y textos que animan a exprimir toda la potencialidad de nuestras cortas vidas, y a la vez es un texto que se cierra en sí mismo, de resultas de la imposibilidad de que la promesa de gran narradora se materialice. Los relatos de este libro se enmarcan dentro de un costumbrismo americano teñido por el ambiente naïf que aporta una escritora con un imaginario de gran potencia, pero todavía inmaduro. “Lo contrario de la soledad” se mueve  dentro de los escenarios en los que un hecho azaroso lo cambia todo por completo. Keegan parecía obsesionada por todo lo que no podemos controlar, por todo lo que vemos venir e inevitablemente configurará nuestro destino. Desconozco si hay más textos, y esta selección se ha hecho ex profeso con los cuentos y artículos que inciden en esta faceta. En todo caso, el libro queda como testimonio de que toda la potencia, belleza, y capacidad que podamos desarrollar tiene que ser lanzada hacia el universo, como propone el último de los textos, antes de que nos arrepintamos, antes de que sea demasiado tarde, antes de que, cito a la autora, ya no estemos a tiempo de “hacer que algo ocurra en el mundo”.

Crítica publicada en el Diario Información (suscriptores)