Cookies, siempre las cookies


Hola. Seguramente estés aquí por error. No te preocupes, yo te envío otra vez al principio, y tan amigos.

Si no es un error, y has venido por nuestra política de cookies, la verdad, no sabía que tenía que tener una política de cookies. No tengo muy claro qué es una política de cookies, como tampoco sé lo que es una filosofía de empresa o un plan de vida. La verdad es que el lenguaje es jodido puñetero, algunas palabras que tienen un sentido claro y prístino, se alían con otras para dar formulaciones del lenguaje que les viran el sentido y que a veces incluso las vacía (¿¡Filosofía de empresa!?).

Bueno, pero tú has llegado aquí porque te importan las cookies. Claro que sí. Las cookies. No sabes qué son las cookies, pero ahora son tan importantes que tienes que saber algo más sobre ellas. Todo el mundo tiene cookies, todas las páginas las muestran, te avisan de que tienen una política de cookies, pero tú no sabes cómo te afecta eso.

Bueno, esto es algo embarazoso, porque ahora viene cuando me dices que no sabes lo que son las cookies. Tranquilo, tengo un enlace. Tómate tu tiempo.

Ahora ya sabes lo que son las cookies (y de paso, yo también) a lo mejor te has asustado. Hay una manera sencilla de saber si una web tiene cookies, mira, tengo otro enlace.

Si todavía estás leyendo, creo que te has ganado un premio: mi política de cookies. Es una auténtica tontería que te lo tenga que explicar, pero dura lex, sed lex: uso las cookies propias de la instalación de WordPress, que es el sistema que sustenta esta página, así como de sus widgets y plugins.

Ya está. Tampoco era para tanto, ¿verdad? Mira, si lo que querías era aprender palabras, puedes seguir navegando aquí.

Hasta luego.